El anillo de Denver

Hace exactamente una semana desde que los Denver Nuggets se hicieron con el trofeo Larry O’Brien, tras propinar un incontestable 4-1 a los Miami Heat.


Durante las finales no hubo mucho misterio, pues los de Colorado encaraban los últimos 7 partidos de la temporada después de ser líderes de la Conferencia Oeste en la liga regular (53-29), y arrasar indiscutiblemente en Play-Offs con 12 victorias y tan sólo 3 derrotas, incluyendo un inesperado “swipe” a los Lakers de LeBron, que veían impotentes como Jokic, Murray y la pizarra de Malone, los pasaba por encima.

En frente, los Nuggets se medían a un equipo Cenicienta. Los del sur de Florida estuvieron a punto de quedarse fuera de la postemporada en el Play-In y, a partir de ahí, fueron encadenando remontadas épicas para llegar, exhaustos física y anímicamente, a la esperada cita contra Denver.

Fue ya durante el primer partido, cuando se apreciaba la clara superioridad del equipo de La Milla de Altura (por encontrarse la cancha a esta altitud respecto al nivel del mar). Si bien, Spoelstra había demostrado, un año más, ser uno de los mejores estrategas de la NBA, no tuvo los recursos físicos y cualitativos necesarios para hacer frente al equipo de Michael Malone.


El juego de Denver, basado en la circulación del balón alrededor de Jokic, quien servía como punto de referencia para el ataque, suponía un dolor de cabeza para los de Miami. Cuando el serbio se coloca en línea de tiro libre para recibir balones, todo el equipo orbita alrededor de él y, como si de un tiovivo se tratase, los bloqueos, cortes a canasta y pick and pops se sucedían, esperando tan sólo a que la prodigiosa visión del 2 veces MVP se cruzara con sus intenciones.

El segundo partido fue una Masterclass del técnico de Miami, atacando a lo que podía controlar, diseñando todo lo opuesto a una defensa de Caja +1. Durante ese partido, liberaron a Jokic, asumiendo sus puntos y rebotes, pero centrando todos los esfuerzos en ahogar con defensas cortas y ayudas en los cortes y bloqueos a los demás atacantes, de modo que el “faro” de Denver, no tuviera más opción que atacar solo el aro. El resultado fue un 1-1 en las series, con 41 puntos y 11 rebotes de Jokic, pero tan sólo 4 asistencias.


Por supuesto, tanto los 2 partidos siguientes en Miami, como el 5 y definitivo juego de vuelta en Denver, demostraban que a los chicos de Pat Riley les hacían falta muchas piernas para defender a Murray, Porter y Gordon, además de mucho más acierto de cara al aro. Los Heat llegaban a pasar hasta 7 posesiones consecutivas sin anotar en cada partido.

Finalmente, el inexorable destino hizo acto de presencia y los Nuggets se proclamaron campeones en Colorado el pasado 13 de junio, coronando a Nikola Jokic como MVP de las finales y dejándolo como historia viva de esta franquicia, que nunca antes había ganado un título NBA.

La consecución de esta gesta, en el mismo año en el que Carmelo Anthony anuncia su retirada, abre un melón difícil de digerir. El número 15, a día de hoy en posesión del pivot serbio, era un número destinado a lucir en lo alto del Ball Arena con el nombre de Anthony, pero tras la actuación de El Joker, puede que esta ceremonia llegue a retrasarse. De hecho, si en el futuro se decidiera retirar este número dedicado a Jokic y Melo, esta sería la primera vez en la historia de la NBA, y la segunda en la historia del deporte profesional americano.


Lo que está claro es que el equipo de Michael Malone ha logrado, un año más, demostrar que los campeones se van gestando temporada tras temporada, con una conciencia de equipo por encima de Big 3 o Super Equipos. Saber establecer una identidad de equipo, conociendo las fortalezas del mismo y explotándolas con equilibrio, es lo que le ha llevado a estar allí y a superar a serios contenders como Phoenix Suns o Los Angeles Lakers.

En este caso en concreto, el director de operaciones, Calvin Booth, ha manejado con diligencia, respeto y cariño el devenir de la franquicia. Booth, como ex jugador de la propia liga, ha rodeado a Malone de personas que han convivido desde siempre con el baloncesto al más alto nivel. Dependiendo de la generación a la que pertenezcas, estimado lector, te podrán sonar más o menos los nombres de los asistentes del técnico de New York.


Popeye Jones, fue un ala-pivot que jugó durante 11 años en la NBA, y desde 2006 es entrenador asistente en franquicias como Mavericks, Nets o Indiana Pacers. Pero también David Adelman y Ryan Saunders están vinculados a la máxima competición, siendo estos los hijos de Rick Adelman (mítico entrenador en Portland, Houston y Sacramento) y Flip Saunders (15 años como técnico de Minnesota Timberwolves).

La franquicia de Denver, es una que se ha tomado el tiempo necesario para madurar, mover fichas y buscar las mejores piezas para encarar un proyecto común. A la estrella interior, Jokic, y su mejor amenaza exterior, Murray, se le unen jugadores de un rol específico de una probada e indiscutible calidad. Michael Porter JR. se ha convertido en un valioso activo tras sus claras capacidades como 2-way-player, un jugador que es capaz de aportar valor por igual tanto en ataque como en defensa. Caldwell Pope fue contratado como contención defensiva, pero su aporte ofensivo, debido a la clara estructura de equipo, ha logrado apoyar a la causa más allá de su aspecto físico.


Pero el que sí está viviendo una segunda juventud no es otro que Aaron Gordon. Ese típico jugador al que ya le echamos 34 años, pero que, a sus 27 ya ha vivido sus particulares ascenso y descenso al ostracismo en la liga. Ahora, desde 2021 vinculado a la franquicia de Colorado, Aaron demuestra que, además de conservar las piernas que le pusieron en el mapa en el concurso de mates de 2016, tiene también una capacidad de lectura del juego y una compenetración con el resto del equipo, pero en especial con Jokic, para aprovechar estrechas brechas en la pintura y deleitarnos a todos con sus alley-oops, mates y put-backs.

El resumen de estos Denver Nuggets no es otro que el de una franquicia que lo ha hecho todo bien y ha sido paciente con los resultados. El mazazo de la lesión de Murray y cómo han esperado a su recuperación, también ha creado un ambiente de hermandad en el vestuario. Y todos sabemos, que sin ese ambiente es muy difícil ganar campeonatos.

Ahora la pelota está en el tejado de los otros 29 equipos para la siguiente temporada. Hasta ahora, cada uno ha intentado aportar su granito de arena para desmantelar el ataque de los Nuggets, pero ninguno ha llegado a romper del todo a este conjunto. Sin duda, la temporada 2023-24 nos traerá grandes sorpresas y retos para destronar al vigente rey de la NBA, y nosotros estaremos ahí para disfrutarlo.


Javier Navarro
@xoponos / @hooponos

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