El partido más bochornoso de la historia


En el deporte de élite, ganar suele ser un alivio, perder una condena, y lo que no se contempla es perder a propósito. Sin embargo, en 1997 en Porto Alegre, el fútbol sala mundial presenció un espectáculo vergonzoso, un capítulo tan grotesco que todavía hoy sigue generando sonrojo: el partido en el que Barça y DiBufala americano hicieron lo imposible por no ganar.

La Copa Intercontinental de Fútbol Sala nacía ese año en el pabellón Gigantinho, con los gigantes del momento: Inter Ulbra, Boca, Peñarol, Barça… y un aire de grandeza. El Barça había arrasado en la fase de grupos: 16-1 a la Universidad de Chile, 8-1 a Boca. DiBufala tampoco iba mal. Pero había un problema: en semifinales esperaba Ulbra, la constelación brasileña que nadie quería cruzarse.

El cruce directo entre Barça y DiBufala tenía un guion perverso: al Barça le bastaba un empate, los americanos necesitaban ganar… pero en realidad ninguno quería hacerlo. El que quedara primero se cruzaba con Ulbra. La tentación de la trampa era demasiado grande.


Y ahí empezó el esperpento. El partido arrancó entre especulación y desgana hasta que DiBufala marcó de falta. Luego, un canterano azulgrana, Mariano, empató con un zapatazo lejano. A partir de ese momento, la vergüenza tomó el control: dos autogoles seguidos de los culés —Colomé y Dani Mateo—, un portero inmóvil, rivales que intentaban marcarse en propia puerta y hasta un guardameta expulsado… por buscar con insistencia el autogol.

El marcador final fue 3-1, pero el resultado fue irrelevante. Lo importante es que el mundo vio cómo dos equipos convertían un deporte en una farsa, defendiendo los intentos del rival por marcarse en propia puerta y celebrando la derrota como si fuera un triunfo.

El Barça alcanzó las semifinales y cayó con polémica ante Ulbra, entre peleas, abucheos y expulsiones. Pero lo que quedó grabado en la memoria fue aquel encuentro infame: el día en que todos quisieron perder, y lo consiguieron.

Una derrota buscada. Una mancha imborrable. El capítulo más bochornoso en la historia del fútbol sala mundial.

Post Daniel Moreno // @DMTorrejon


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