El Benfica confía en The Special One

José Mourinho vuelve a casa. Veinticinco años después de dejar Portugal para conquistar Europa, el técnico de Setúbal ha sido presentado como nuevo entrenador del Benfica. Su llegada se produce tras la destitución de Bruno Lage, víctima de un arranque fatídico: derrota histórica ante el Qarabag en Champions y tropiezos en liga que desataron la tormenta perfecta.


Lage había apostado por un fútbol proactivo, de posesión alta y laterales ofensivos, pero el Benfica se fue desmoronando. Ahora, con Mourinho, la película cambia de guion. El “Special One” desembarca con lo que siempre ha sido su bandera: un bloque compacto, transiciones eléctricas y un pragmatismo feroz que convierte cada partido en una batalla táctica. No se trata de gustar a todos, se trata de competir siempre.

En Lisboa se encontrará con un vestuario joven, lleno de talento y de perfiles que parecen hechos a medida para sus ideas. El capitán Nicolás Otamendi será el faro de experiencia en la defensa, acompañado por la proyección de Tomás Araújo y el recorrido de laterales como Amar Dedic o Samuel Dahl. En el medio, jugadores como Leandro Barreiro o Richard Ríos aportarán trabajo, despliegue y músculo para sostener el plan de Mou, mientras que Heorhii Sudakov se erige como la joya creativa capaz de marcar diferencias entre líneas. Y arriba, la velocidad de Bruma, el desborde de Lukébakio y el hambre de gol de Henrique Araújo ofrecen un abanico de recursos para el estilo vertical y contundente que tanto identifica a Mourinho.


Su reto no será menor: devolver al Benfica la grandeza perdida. Mourinho siempre ha sido un obseso de la preparación física, un fanático de la disciplina táctica y un maestro de las transiciones rápidas, con extremos que parten hacia dentro y delanteros móviles que castigan espacios. Como en sus días con Cristiano y Di María en el Madrid o con Milito y Eto’o en el Inter, buscará que este Benfica viva en la incomodidad del rival, que cada pérdida del contrario se convierta en una ocasión de gol.

Y, claro, está el carácter. Ese Mou irreverente, intenso, magnético, capaz de incendiar una rueda de prensa y de blindar a sus jugadores con su verbo. Su sola presencia ya convierte al Benfica en un club más ruidoso, más temido, más observado.


El tiempo dirá si estamos ante el último gran baile del “Special One” o ante una nueva resurrección de uno de los técnicos más icónicos del siglo XXI. Lo que es seguro es que con Mourinho en el banquillo, Lisboa vuelve a sentir que todo es posible.

Post Daniel Moreno

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