Tenemos que hablar del Chelsea

Cuando Todd Boehly aterrizó en Stamford Bridge en mayo de 2022, no lo hizo con una cartera, sino con un cohete cargado de dólares y promesas. Su llegada no fue casual: la caída de Roman Abramovich, forzada por sanciones tras la invasión rusa de Ucrania, abrió una puerta histórica. El magnate estadounidense y el fondo Clearlake Capital la atravesaron con una compra que rozó los 5.000 millones de euros, la más cara jamás pagada por un club deportivo.

En el recuerdo queda el Chelsea de Abramovich, el que transformó un barrio de Londres en un gigante europeo. Pero la era Boehly ha sido otra cosa: un torbellino. Desde su desembarco, el banquillo ha sido un asiento eléctrico. Tuchel, Potter, Pochettino, interinos y ahora Enzo Maresca. Una sucesión de entrenadores que refleja más caos que proyecto, más prisa que paciencia.


Y en el mercado… ahí sí, Boehly rompió todos los moldes. Más de 1.600 millones invertidos, más de 50 fichajes en apenas tres veranos. Nombres como Enzo Fernández, Caicedo, Fofana o Mudryk han llegado con cifras mareantes, mientras por la puerta de salida han volado Havertz, Mount o Kovacic. Stamford Bridge se convirtió en un aeropuerto donde los aviones despegan y aterrizan sin descanso.

Tanta abundancia trajo su propio veneno. La plantilla del Chelsea se volvió tan extensa que ni las listas de la UEFA alcanzaban: jugadores como Cole Palmer o Wesley Fofana quedaron fuera de competiciones europeas por puro “overbooking”. Un equipo de estrellas que muchas veces no cabía en el mismo vestuario.


En lo deportivo, los títulos han maquillado las dudas iniciales. Tras la Conference League conquistada en 2025 ante el Betis y el Mundial de Clubes, los “blues” se han convertido en el primer club en ganar las tres competiciones europeas. Historia escrita, sí. Pero entre líneas, el proyecto sigue buscando estabilidad, como un gigante que todavía no ha aprendido a caminar sin tambalearse.


Este verano, el carrusel continuó. Llegaron joyas como Estêvão Willian, Kendry Páez o Jamie Bynoe-Gittens, a las que se sumó Jorrel Hato y otros jóvenes con presente y futuro. Pero la gran bomba llegó en los últimos días de mercado: Alejandro Garnacho, procedente del Manchester United, se convirtió en refuerzo de impacto y en uno de los nombres del verano. En el capítulo de bajas, además de Madueke, João Félix, Dewsbury-Hall o Kepa, destacó la venta de Christopher Nkunku al Milan, un movimiento tan relevante por lo económico como por lo deportivo, símbolo de que nadie en esta plantilla tiene garantizado su sitio.


El Chelsea vive en una paradoja: gasta como ningún otro, gana trofeos, pero aún no ha encontrado un rumbo claro. Un club acostumbrado a la grandeza que hoy se debate entre el vértigo de la revolución y la calma de la construcción. Y quizás esa sea la gran pregunta que persigue a los blues en esta nueva era: ¿puede un imperio levantarse sobre cimientos tan inestables?

Post Carlos LZ 

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