Rumbo al Mundial 2026: ESPAÑA Y LOS MUNDIALES

 


España y los Mundiales… ahí hay una historia que no se cuenta, se siente. Una historia que está escrita con goles, lágrimas, decepciones, explosiones de alegría y ese pellizco que te deja el fútbol cuando te acompaña durante generaciones. Porque antes de que Iniesta nos regalara la mayor noche de nuestras vidas, España vivió décadas enteras persiguiendo un sueño que siempre parecía escaparse por un detalle, por un poste, por una tanda… o simplemente porque el fútbol, a veces, decide que no toca.


Nuestros abuelos crecieron escuchando que España fue cuarta en 1950, un logro que todavía se recuerda como si fuese una leyenda contada al calor de una hoguera. Era otro fútbol, otra vida, otro país. 

Muchos lo vivieron por radio, con la voz temblorosa del locutor colándose por la ventana del salón después de haber celebrado ya alguna clasificación épica en los años 30, o haber vibrado con Luis Molowny y compañía en aquellos tiempos de blanco y negro. Aquella selección quedó incrustada en la memoria como un “esto se puede repetir algún día”. Pero tardó casi medio siglo en volver a rozarse algo parecido.


Nuestros padres ya fueron más de tele, de sofá, de Mundial de verano con persianas bajadas por el calor. Y con ellos llegaron las decepciones de verdad: España 1982, el Mundial en casa que debía ser el despegue… y fue un aterrizaje forzoso. México 86 dejó un nudo en la garganta con aquel España–Bélgica y la tanda de penaltis que muchos aún recuerdan como si fuese ayer, con Eloy señalando al cielo entre lágrimas. Italia 1990 mantuvo viva la misma sensación: un equipo bueno, muy bueno, que siempre se chocaba con algo invisible.


Y luego llegó 1994, el año que marcó a toda una generación. Aquel codazo a Luis Enrique dejó al país entero con un grito atascado, con esa sensación de “nos han quitado algo que era nuestro”. En 1998, con Hierro, Raúl, Luis Enrique y un grupo lleno de talento, España volvió a estrellarse en la fase de grupos, como si la maldición se reinventara cada cuatro años. 

Y en 2002… bueno, 2002 es la herida que todos conocemos: Corea, los goles anulados, los que crecimos gritando a la tele sin entender cómo podía ser tan injusto el fútbol. Alemania 2006 parecía el Mundial del cambio, el de jubilar a Zidane y dar un golpe sobre la mesa… pero otra vez, cuando tocaba dar el paso, nos quedamos a medio camino. Los cuartos eran un muro invisible, pero real, como si alguien hubiera escrito “hasta aquí” en el guion.


Hasta que apareció 2008. Y ahí el fútbol decidió que ya tocaba. La Eurocopa abrió una puerta que llevaba décadas cerrada. España empezó a jugar de memoria, con un estilo que no solo era efectivo, era arte puro. Pero ni siquiera ese verano nos preparó para lo que venía. Porque en 2010, en Sudáfrica, España dejó de ser “la que falla en los cuartos” para convertirse en campeona del mundo. 

La estrella que llevamos en el pecho nació de un torneo que empezó torcido, que se construyó sufriendo, que se gritó desde el alma. El gol de Iniesta no es solo un gol: es un abrazo intergeneracional. Es el grito que soltó tu padre recordando a Camacho llorando en el 86. Es tu abuelo diciendo “por fin”. Es tú mismo sin saber si reías o llorabas.


España 2010 fue la revancha de todos los que soñaron antes. Fue cerrar la herida de 1950, de 82, de 94, de 2002. Fue demostrarle al mundo que el fútbol que siempre fue bonito, por fin también era ganador. Porque ganar una Copa del Mundo no se explica, se vive para siempre dentro.

Y sí, luego volvieron los golpes: Brasil 2014, Rusia 2018, Catar 2022… pero ya da igual. Porque España ya sabe lo que es tocar el cielo. Y porque cada Mundial, gane o pierda, vuelve a ser ese momento que une a abuelos, padres y nietos alrededor de la misma pantalla, con la misma ilusión de siempre. Porque España en los Mundiales es eso: historia, dolor, belleza, familia y el recuerdo eterno de un 11 de julio de 2010 en el que todos fuimos un poco Iniesta.


Ahora toca el Mundial 2026, en el que como en 2010 venimos de ganar la Eurocopa. La generación de Carvajal, Lamine, Pedri, Iñaki, Unai, Ferrán, Martin, Mikel, Rodri... y Luis de la Fuente. Por que otra vez queremos soñar, pero ahora con la 2ª, no con la 1ª. 

Artículo Daniel Moreno

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