Rumbo al Mundial 2026: ALEMANIA 2006, EL PEOR FINAL POSIBLE PARA "ZIZOU"

Hablar del Mundial de 2006 es hablar de Zinedine Zidane, de magia en estado puro, de un jugador que no solo representaba a Francia, sino que parecía cargar con la historia del fútbol sobre sus hombros. 

Llegaba a Alemania con 34 años, en la recta final de su carrera, como líder de una generación que había ganado la Eurocopa en 2000 y soñaba con cerrar el ciclo con otro título mundial. Francia, como casi siempre, partía entre las favoritas.

La prensa española fue directa, incluso provocadora: “Hoy jubilamos a Zidane”. El mensaje parecía claro, pero el fútbol se encargó de desmentirlo. Zidane firmó un Mundial extraordinario, dominando los partidos desde el talento y la jerarquía. Contra España en octavos, contra Brasil en cuartos y frente a Portugal en semifinales, fue el mejor jugador del campo. No solo jugaba bien: mandaba, ordenaba y decidía. Era el eje absoluto de Francia.


Y llegó la final. Un 9 de julio de 2006, el Olímpico de Berlín estaba abarrotado. Italia y Francia se disputaban el título en un ambiente festivo que acabaría marcado para siempre. Zidane abrió el marcador con un penalti sutil, casi desafiante, ante Buffon. Francia compitió de tú a tú y el partido se fue a la prórroga. Todo parecía encaminado a un desenlace épico.

Pero en el minuto 110 llegó uno de los momentos más oscuros y recordados de la historia de los Mundiales. Zidane y Marco Materazzi discutieron dentro del área italiana. El central agarró al francés de la camiseta y Zidane respondió con ironía: “Si quieres la camiseta, te la doy luego”. La respuesta de Materazzi cruzó una línea. Según el propio Zidane, le llamó terrorista y mencionó a su mujer, Véronique. El francés se giró y le propinó un cabezazo en el pecho. Roja directa. Fin del partido para Zidane. Fin de su carrera profesional.


Años después, Materazzi reconoció el insulto, aunque negó que fuera de carácter religioso o dirigido a su familia. “Para mí la familia es sagrada”, declaró. Zidane, por su parte, fue claro: nunca hubo una disculpa sincera. “Si algún día se disculpa de corazón, estaré dispuesto a hablarlo”, afirmó.

Francia perdió la final en la tanda de penaltis. Italia levantó el Mundial. Pero el recuerdo de Alemania 2006 quedó inevitablemente ligado a Zidane. A su fútbol descomunal durante todo el torneo… y a ese instante que manchó un currículum casi perfecto.


Porque el Mundial de 2006 fue todo lo que Zidane era como futbolista y como persona: talento, liderazgo, carácter, grandeza… y también un error humano. Una despedida amarga, sí, pero que no borra lo esencial. Zidane no se fue como un jugador más. Se fue como una leyenda que, incluso en su caída, siguió escribiendo historia.

Artículo Daniel Moreno

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