NEYMAR: NADIE SE ACUERDA DE ÉL
Menos de tres meses. Ese es el margen real que tiene Neymar para convencer a Carlo Ancelotti y a la Confederación Brasileña de Fútbol de que todavía merece un sitio en Brasil. De que todavía puede ser importante. El problema es que todo juega en su contra.
Hace tiempo que Neymar dejó de ser ese Neymar que dominaba partidos sin despeinarse. Las lesiones han sido un martillo constante, especialmente ese 2025 marcado por la rotura de ligamento que lo dejó fuera durante meses. Volvió, sí, pero nunca del todo. Más tarde, otra vez quirófano. Otra vez empezar de cero. Sin ritmo, sin continuidad, sin ese físico que siempre fue su base para marcar diferencias.
En el Santos FC lo saben. Saben que ya no se trata de recuperar al mejor Neymar, sino de construir una versión competitiva, funcional, que le permita al menos pelear por ese último gran objetivo: el Mundial.
Y ahí aparece la figura de Ancelotti. Claro, directo, sin concesiones: para volver, hay que estar al 100%. No hay excepciones. No hay nostalgia que valga. Y eso, tratándose de Neymar, ya es un mensaje fuerte.
Porque durante meses hubo contacto, hubo esperanza, hubo ese hilo fino del que agarrarse. Neymar incluso parecía haber entendido el momento. Cambios en su rutina, en su alimentación, en su preparación. Un intento real de reconectar con el fútbol desde la disciplina. Pero Neymar también es Neymar. Y ahí está el problema.
El episodio ante Mirassol lo cambió todo. Sabía que iba a ser observado, que Ancelotti y la federación iban a estar pendientes de él. Era su escaparate. Su oportunidad. Y no apareció. No fue convocado, sí, pero la sensación que dejó fue otra: falta de timing, falta de lectura, falta de ese punto de compromiso que ahora se le exige más que nunca.
La respuesta de Ancelotti fue clara. Sin rodeos. No está en su mejor nivel. Y Brasil necesita jugadores al 100%. Y ahí es donde la historia se vuelve dura.
Porque Neymar ya no compite contra otros jugadores. Compite contra su propio pasado. Contra su cuerpo. Contra su imagen. Contra ese recuerdo de lo que fue y que ahora pesa más que ayuda. El talento sigue ahí. Eso nadie lo discute. Pero el fútbol de selecciones, y más un Mundial, no espera a nadie. Ahora todo es un todo o nada.
Menos de 77 días para demostrar que todavía puede. Para volver a ser decisivo. Para dejar de lado el ruido y centrarse únicamente en el balón. Porque si no lo consigue, no será solo una ausencia. Será el final de una era.
La del último gran ‘10’ de Brasil… que lucha por no quedarse fuera de su propia despedida.
Artículo Carlos LZ

Comentarios
Publicar un comentario