Real Madrid 2025-2026: crónica de una muerte anunciada

Hay temporadas que se tuercen. Y luego están las que directamente se rompen. Y la del Real Madrid 2025/26 ya no admite debate: es una de esas que dejan cicatriz.


A 18 de abril, el Madrid no compite por la Champions, está a nueve puntos del FC Barcelona en Liga… y lo más preocupante no es lo que pasa en el césped, sino lo que pasa fuera. Porque cuando el Bernabéu se gira, cuando pita, cuando señala… algo se ha roto de verdad.

Y todo tiene explicación.

La primera es evidente: el gol. O mejor dicho, la falta de él. Porque este Madrid vive y muere con Kylian Mbappé. 25 de los 44 goles del equipo llevan su firma. Más de la mitad. Una barbaridad… y un problema. Porque cuando Mbappé no aparece, el equipo se apaga. Vinícius Jr. lleva meses sin ver puerta, Jude Bellingham no termina de arrancar y Rodrygo se ha diluido. Demasiado poco para un equipo que aspira a todo.


Pero si arriba falta gol, atrás falta algo más grave: consistencia. Este Madrid ha pasado de ser un bloque sólido a una defensa de cristal. Encajar dos o tres goles se ha vuelto rutina. Las bajas pesan, claro. Éder Militão, Dani Carvajal o la llegada frustrada de refuerzos como Trent Alexander-Arnold han condicionado… pero no explican todo. Aquí hay algo más: falta de compromiso colectivo.

Y luego está el juego. O la ausencia de él. El equipo se bloquea cuando el rival se encierra. No hay soluciones, no hay variantes. Todo depende de Arda Güler. Y cuando el turco no está fino, el Madrid se queda sin luz. Así de simple. Así de preocupante.

Pero lo que de verdad ha terminado de dinamitar la temporada no se mide en estadísticas. Se mide en sensaciones.


El vestuario está tocado. Fracturado. Hay tensiones, hay miradas, hay ruido. La relación entre Vinicius y el cuerpo técnico ha sido uno de los focos, pero no el único. También hay nombres señalados como Bellingham, Federico Valverde o incluso recién llegados. Y mientras tanto, el Bernabéu responde como sabe: pitos, pañuelos blancos y un mensaje claro al palco. Florentino, dimisión. Cuando eso pasa en el Madrid… no hay vuelta atrás fácil.

Porque además, todo esto llega en un contexto de planificación cuestionada. El club sabe que necesita refuerzos —un central, un mediocentro—, pero también sabe que no es fácil. La plantilla está blindada por contratos largos, y hacer una revolución no es tan sencillo como parece desde fuera. El caso Vinicius, con contrato hasta 2027 y renovación estancada, añade más ruido a una situación ya de por sí inestable.


Y si miramos atrás, hay momentos que explican el derrumbe. La Champions ya avisó en diciembre: una fase irregular, fuera de los ocho mejores, primeras dudas. Luego llegó el golpe definitivo: el 4-3 contra el Bayern de Múnich en el Allianz, la eliminación… y el adiós al gran objetivo del año.

En Liga, la distancia con el Barça se ha hecho insalvable. Y ni siquiera las victorias recientes han calmado nada. Porque esto ya no va solo de resultados. Va de sensación de fin de ciclo.


Incluso el banquillo ha sido un reflejo del caos. La salida de Xabi Alonso en mitad de temporada abrió otro frente. Las críticas, como las de Luis Figo, añadieron más ruido. Y ahora, el futuro vuelve a estar en el aire: Álvaro Arbeloa está cuestionado, mientras nombres como Klopp, Zidane o Luis Enrique empiezan a aparecer en el horizonte.

Y entonces llega la gran pregunta. ¿Y ahora qué? Porque el Madrid tiene deberes. Y no pequeños.

Recuperar solidez. Decidir si el proyecto gira en torno a Mbappé o si sigue apostando por una convivencia que no termina de funcionar. Reordenar el vestuario. Elegir entrenador. Reconstruir una idea.

Porque aunque no haya títulos… lo que está en juego ahora es mucho más grande. El futuro. Porque hay temporadas que pasan. Y otras, como esta, que obligan a cambiarlo todo.

Artículo Daniel Moreno


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