CHIVU: DEL "NO DURARÁ 5 PARTIDOS" AL DOBLETE

El fútbol tiene historias circulares. Algunas parecen escritas por el destino. La de Cristian Chivu con el Inter de Milán pertenece a esa categoría. 


En 2010 fue uno de los soldados de confianza de José Mourinho en el histórico Triplete nerazzurro. Dieciséis años después, el rumano regresó al centro de la escena para conducir al club hacia un nuevo doblete: Serie A y Coppa Italia en la temporada 2025-26.

Su primer año como entrenador del Inter no solo terminó con títulos. También consolidó una idea de equipo reconocible, competitiva y emocionalmente conectada con la identidad histórica del club. Porque más allá de los números, este Inter volvió a transmitir algo que el Giuseppe Meazza llevaba tiempo echando de menos: hambre competitiva.

Como jugador, Chivu simbolizaba sacrificio y disciplina táctica. Aquel defensor elegante, capaz de actuar como central o lateral izquierdo, quedó grabado en la memoria colectiva por su fortaleza tras la fractura de cráneo sufrida en 2010 y por la imagen del casco protector con el que siguió compitiendo al máximo nivel. En aquella temporada gloriosa levantó la Champions League, el Scudetto y la Coppa Italia junto a figuras como Javier Zanetti, Diego Milito y Wesley Sneijder.


Hoy, desde el banquillo, muchas de aquellas virtudes se reflejan en su equipo: intensidad defensiva, solidaridad colectiva y una mentalidad competitiva feroz. El propio Chivu reconoció recientemente cuánto le marcó aquella experiencia con Mourinho: “Aprendí mucho sobre la gestión humana y la mentalidad ganadora”.

Cuando el Inter apostó por él en junio de 2025, existían dudas razonables. Su experiencia en la élite era limitada, aunque venía de realizar un gran trabajo en las categorías inferiores del club y de una etapa positiva en el Parma. Aun así, en Italia muy pocos creían realmente que estuviera preparado para dirigir a un gigante como el Inter. Y todavía menos imaginaban que pudiera ganar títulos en su primera temporada.


El arranque tampoco ayudó a calmar el ambiente. Las derrotas ante Udinese y Juventus en septiembre dispararon las críticas y algunos medios italianos llegaron a asegurar que Chivu ya estaba “contra las cuerdas”. Se cuestionaba su falta de experiencia, su capacidad para gestionar un vestuario lleno de personalidades fuertes y el peso de sustituir el legado del ciclo anterior. Incluso se filtró que parte del vestuario veía inicialmente su llegada como una solución de emergencia más que como un proyecto ganador. Pero el rumano nunca perdió la calma.

Poco a poco construyó un equipo dominante, agresivo y tremendamente fiable. El Inter conquistó su 21º Scudetto tras imponerse al Parma y cerró la temporada levantando también la Coppa Italia frente a la Lazio. Un doblete nacional que el club no conseguía desde la histórica temporada de 2010.

Y ahí aparece uno de los datos más simbólicos de toda esta historia: Chivu se convirtió en la primera persona en la historia del Inter capaz de ganar Serie A y Coppa Italia tanto como jugador como entrenador.


La narrativa cambió por completo en cuestión de meses. En septiembre se hablaba de crisis y de un entrenador superado por el contexto. En febrero lideraba la Serie A. Y en mayo levantaba dos títulos. El propio Chivu resumió toda esa transformación con una frase que terminó haciéndose viral en Italia: “Decían que no duraría más de cinco partidos”.

La conexión emocional con el club fue otra de las claves de la temporada. Muchos tifosi destacaron durante el año la manera en la que celebraba los goles importantes, como un aficionado más. Y eso en el Inter tiene muchísimo valor. Chivu no llegó como una figura externa. Era uno de los héroes del Triplete, un hombre formado dentro de la cultura competitiva del club y alguien que conocía perfectamente la presión de San Siro.

Pero quizá el mayor mérito de su trabajo estuvo en algo menos visible: La gestión del grupo.


El Inter mostró una mezcla muy equilibrada entre veteranos experimentados y jóvenes talentos. Figuras consolidadas como Lautaro Martínez, Marcus Thuram o Henrikh Mkhitaryan convivieron con futbolistas emergentes que encontraron espacio y confianza, como Pio Esposito, Kamaté, Cocchi o Diouf.

El equipo terminó la Serie A con 89 goles anotados, 31 más que el segundo máximo goleador del campeonato, el Napoli. Y además consiguió algo fundamental: que el vestuario creyera plenamente en el liderazgo del entrenador. Tras conquistar la Coppa Italia, Lautaro definió la gestión de Chivu con una frase contundente: “Es un diez sobre diez”.

Esa fortaleza emocional se trasladó también al campo. El Inter reaccionó bien en los momentos complicados, mantuvo regularidad competitiva durante toda la temporada y transmitió una sensación de seguridad constante que terminó marcando diferencias con el resto de candidatos.


Las comparaciones con Mourinho fueron inevitables desde el primer día. Ambos representan el espíritu competitivo del Inter campeón y ambos lograron un doblete nacional en sus primeras grandes etapas al frente del club. Pero Chivu nunca intentó copiar al portugués. Su Inter juega de otra manera.

El equipo de 2026 es más agresivo con balón, presiona más arriba y busca dominar territorialmente los partidos desde la posesión y el ritmo ofensivo. Mientras el Inter de 2010 se hizo legendario por resistir, competir y sobrevivir, el de Chivu ha destacado por imponer condiciones desde el juego. Eso también se refleja en los números.

El Inter terminó la temporada con 87 puntos, once más que el Napoli y diecisiete más que Milan y Juventus. La diferencia de gol fue demoledora: +54, muy por encima del +27 de la Juventus o el +22 del Napoli. El equipo logró 27 victorias en 38 jornadas, perdió solo cinco partidos y prácticamente dejó sentenciado el campeonato varias fechas antes del final.


Además, lideró buena parte de las estadísticas avanzadas del campeonato: posesión media, expected goals, grandes ocasiones creadas, tiros a puerta y presión alta efectiva. Pero quizá uno de los datos más significativos estuvo en su rendimiento ante rivales de media y baja tabla. Mientras Milan o Juventus dejaban escapar puntos constantemente, el Inter mantuvo una regularidad casi perfecta, demostrando una concentración competitiva superior al resto.

Napoli dependió demasiado de individualidades. Milan sufrió inestabilidad táctica durante varios tramos del curso. Juventus mejoró defensivamente con Luciano Spalletti, pero nunca encontró continuidad ofensiva. El Inter, en cambio, consiguió equilibrio en todas las fases del juego: salida limpia, presión alta, amplitud ofensiva y una plantilla con rotaciones fiables. Por eso este título tiene un valor especial.


Porque no fue el éxito esperado de un entrenador consagrado. Fue la explosión inesperada de alguien al que casi nadie veía preparado para ganar tan pronto. Chivu pasó de ser aquel guerrero del Triplete con casco protector a convertirse en el arquitecto de una nueva era nerazzurra.

Y quizá esa sea la mejor definición de su temporada: el entrenador menos esperado terminó construyendo al Inter más dominante de Italia.

Fausto Mangione (@serpicomangio @serpico_81)

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