REAL MADRID: LA CRISIS PERPETUA
Todo empezó con ilusión. Con ese Mundial de Clubes como punto de partida y con la llegada de Xabi Alonso como gran arquitecto del nuevo proyecto.
En Liga, las dudas llegaron pronto. El equipo no terminaba de asimilar lo que proponía Xabi. Sus métodos, los mismos que le habían llevado al éxito en Alemania, no encontraron el mismo eco dentro del vestuario blanco. Y ahí empezó todo. Porque cuando las ideas no calan… aparecen los egos.
Xabi decidió sustituir a Vinícius. Y lo que vino después lo vio todo el mundo. El brasileño explotó como nunca: gestos, palabras, frustración desbordada. “Siempre a mí, siempre yo… me voy de este equipo”. Una escena que dejó al descubierto algo más grande que un simple cambio. Era una ruptura. Visible. Real. Imposible de esconder. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo.
Las lesiones hicieron el resto. Éder Militão, Antonio Rüdiger… piezas clave fuera en momentos importantes. Y los fichajes, lejos de ser solución, aumentaron las dudas. Ni Dean Huijsen, ni Trent Alexander-Arnold, ni Carreras ni Mastantuono lograron ofrecer el nivel esperado, especialmente en el caso del inglés, cuyo rendimiento quedó muy lejos de lo que se esperaba por su estatus. Y en medio de todo, otro foco imposible de ignorar: Kylian Mbappé.
Y se hizo aún mayor cuando Mbappé filtró que los servicios médicos le habían revisado la rodilla equivocada. Un mensaje que llegó justo después de la salida de Xabi Alonso, con quien no tenía la mejor relación. La reacción fue inmediata: críticas, dudas, división de opiniones. A eso se sumaron decisiones drásticas como el despido del cuerpo médico y de la nutricionista del club, que posteriormente denunció prácticas abusivas dentro de la estructura. Silencio institucional.
La Liga está perdida. Europa quedó atrás. Y el equipo, fuera de todas las competiciones, afronta el final de temporada como un trámite incómodo. Intentando salvar el orgullo… mientras algunas imágenes no ayudan precisamente a reconstruirlo. Jugadores de vacaciones, otros “lesionados” lejos del foco competitivo, y una sensación general de desconexión con lo que representa el escudo.
Y eso, en el Real Madrid, es lo más grave de todo. Porque perder puede pasar. Pero perder la identidad… es otra cosa.
Artículo Daniel Moreno
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