Los Búhos, de copas
Hay historias que parecen escritas para una película. La del pequeño Sabah Baku que se coló entre los gigantes de Europa es una de ellas.
De una repesca administrativa a la Champions League, podría ser perfectamente el otro titular de la increíble historia del club de Masazir (en Azerbaiyán), con un entrenador que ganó ¿Quién quiere ser millonario?, un ayudante italiano y un escudo con un búho. El Sabah Baku se prepara para vivir su primera noche entre los gigantes del fútbol europeo. En una competición acostumbrada a reunir a los clubes más poderosos del planeta europeo, aquellos capaces de mover cifras millonarias, llenar estadios gigantescos y fichar a las mayores estrellas del fútbol mundial, aparece un invitado inesperado.
Un club nacido en 2017, procedente de una localidad de apenas 18.000 habitantes y que, hasta hace no tanto, ni siquiera pertenecía a la primera división de Azerbaiyán. Ahora, el Sabah está en la Champions League.
Ha llegado hasta allí de una manera tan peculiar como su propia historia: remontando al Hapoel Beer Sheva, llevando la eliminatoria hasta la prórroga y consiguiendo el histórico billete ante un público que convirtió la noche en una fiesta.
Mientras los colosos europeos preparan sus millones, sus estrellas y sus estadios para la gran competición continental, en Masazir hay algo mucho más sencillo: ilusión y, quizás, también un poco de locura.
El club que tomó el ascensor sin tener billete
Para entender la dimensión de lo conseguido hay que viajar hasta 2017.
Ese año nació el Sabah. Su primera temporada transcurrió en la segunda categoría del fútbol azerí y terminó con un quinto puesto. Sobre el césped, aquello significaba que tocaba volver a intentarlo. Pero el fútbol tiene sus famosas sliding doors, aquellas puertas giratorias que pueden cambiar tu destino para siempre.
Los equipos que terminaron por delante no consiguieron las licencias necesarias para competir en la máxima categoría. Y el Sabah recibió una oportunidad inesperada: el ascenso administrativo. El club tomó el ascensor hacia la primera división sin haberlo ganado inicialmente en el terreno de juego. Lo extraordinario es lo que ocurrió después porque nunca volvió a descender.
Apenas ocho años después de su fundación, aquel recién llegado se ha convertido en campeón de Azerbaiyán y ahora se dispone a competir en la Champions League. Un recorrido vertiginoso para una institución que todavía está construyendo su propia identidad. El Sabah no fue invitado inicialmente a la fiesta. Encontró una puerta entreabierta, entró y decidió quedarse. ¡Y encima en el Sorteo les ha tocado el Barça! Casi 5.200 km para los de Flick. Además del Barcelona, el sueño sigue con Arsenal, Dortmund, Manchester United, Napoli o Villarreal.
El entrenador que compró su sueño con un concurso de televisión
Si la historia del club parece improbable, la de su entrenador todavía es aún más peculiar. Valdas Dambrauskas quería ser técnico, pero tenía un problema: no contaba con una carrera como futbolista profesional que le abriera las puertas y tampoco disponía de grandes recursos económicos. Entonces apareció una idea insólita. En el año 2000 participó en la versión lituana de ¿Quién quiere ser millonario? Y ganó.
Dambrauskas decidió utilizar aquel dinero para invertir en su futuro. Se marchó a Inglaterra junto a su esposa y comenzó a formarse en academias londinenses. Pasó por estructuras vinculadas a clubes como Brentford, Fulham y Manchester United y terminó iniciando su carrera como entrenador en la novena categoría inglesa. Desde allí comenzó una aventura que le llevó por media Europa: Lituania, Letonia, Eslovenia, Bulgaria, Croacia, Grecia, Chipre, Hungría. Hasta llegar a Azerbaiyán. La recompensa fue inmediata. En su primera temporada al frente del Sabah conquistó el campeonato nacional y la copa. Y ahora ha conducido al club hasta la Champions.
De necesitar el comodín del público para cambiar su vida a necesitar el apoyo del público para conquistar Europa. La metáfora parece demasiado perfecta para ser real.
Masazir contra el continente de los gigantes
El GPS tampoco parece querer colaborar con la épica. Para encontrar la casa del Sabah hay que alejarse unos veinte kilómetros de Bakú y llegar hasta Masazir, una localidad de unos 18.000 habitantes conocida por su lago, famoso por sus tonalidades rosadas durante determinadas épocas del año.
Allí está el hogar de un equipo que ahora deberá medirse con el universo más poderoso del fútbol europeo. Porque la Champions no espera a nadie.
Enfrente están los grandes clubes de las principales ligas, instituciones que cuentan con presupuestos gigantescos, plantillas repletas de internacionales y décadas de historia continental. El Sabah llega desde otro mundo.
No tiene la tradición europea de los grandes campeones. No dispone de los recursos económicos de los gigantes. Su estadio, su localidad y su propia historia contrastan radicalmente con el tamaño de la competición que acaba de conquistar. Sin embargo, el fútbol tiene estas cosas.
El Sabah puede presumir incluso de formar parte de una curiosa lista histórica: Masazir, con sus aproximadamente 18.000 habitantes, se convierte en una de las localidades más pequeñas vinculadas a un participante de la Champions. El récord, eso sí, continúa perteneciendo a Hoffenheim: cuando el conjunto alemán alcanzó la fase de grupos en la temporada 2018-19, su localidad rondaba los 3.000 habitantes.
Ahora Masazir tiene su propio representante en el gran escenario y quién sabe si, cuando lleguen las noches europeas, los aficionados locales podrán ver desembarcar allí a alguno de los gigantes que hasta hace poco solo conocían por televisión.
Un romano, un búho y un lago rosa
Encontramos a un italiano en esta increíble historia. Valerio Zuddas, nacido en Roma en 1989, es uno de los ayudantes de Dambrauskas y especialista en el trabajo defensivo. Su trayectoria también parece escrita sobre un mapa de Europa. Diosgyori, Partizan de Belgrado, Sheriff, donde coincidió con Roberto Bordin, Hibernian, Hajduk Split, Pafos, Honvéd y UTA Arad. Muchos países. Muchos vestuarios. Muchas experiencias. Faltaba solo la guinda, la UEFA Champions League.
Zuddas llegó al Sabah con el inicio del ciclo de Dambrauskas y ahora comparte con el técnico lituano la aventura más importante de la historia del club. Un elemento que resume perfectamente la personalidad del Sabah, ese es el que aparece en su escudo. Un búho.
El sol naciente ocupa la parte superior del emblema y el búho aparece debajo. El club incorporó este animal al escudo en el rediseño de 2024, convirtiéndolo en un símbolo de inteligencia, esperanza y continuidad entre el día y la noche. Sus aficionados son conocidos como los Bayquşlar: los búhos. El rosa también forma parte de la identidad. Es el color asociado al lago de Masazir, otro de los elementos que hacen de este club una rareza dentro del fútbol europeo.
En medio del continente de los gigantes, el Sabah llega con un búho en el escudo y un lago rosa en su paisaje.
La Champions más improbable
Hay algo especialmente hermoso en que un club así llegue a la Champions precisamente cuando el fútbol europeo parece cada vez más dominado por el dinero. Los grandes clubes construyen proyectos durante décadas. El Sabah prácticamente ha construido el suyo a toda velocidad. Nació en 2017, ascendió por una combinación de circunstancias. No volvió a descender y encontró a un entrenador que había financiado su formación gracias a un concurso de televisión. Ganó el campeonato y la copa.
Ahora, después de superar al Hapoel Beer Sheva y sobrevivir a la prórroga, está en la Champions League. Todo en menos de una década.
El contraste con los gigantes que encontrará en Europa no puede ser mayor. Allí habrá clubes con presupuestos que multiplican los del Sabah, plantillas valoradas en cientos de millones y futbolistas acostumbrados a jugar estas noches desde niños. El Sabah llega con otra cosa. Llega con la capacidad de sorprender. Llega con la memoria de aquella repesca que parecía una casualidad y terminó cambiándolo todo. Llega con Dambrauskas, el hombre que un día respondió preguntas en un concurso para poder estudiar fútbol y que ahora tendrá que responder a los gigantes europeos desde el banquillo. Llega con Zuddas, otro viajero del fútbol que finalmente ha encontrado su estrella dorada. Llega con sus Bayquşlar, sus búhos y llega con Masazir. Quizá el Sabah no pueda competir con los gigantes en presupuesto. Quizá tampoco pueda hacerlo en historia, palmarés o nombres. Pero en la Champions hay algo que todavía no se puede comprar.
La posibilidad de vivir un sueño.
El Sabah Baku ya ha demostrado que sabe aprovechar las oportunidades. Primero tomó un ascensor que no estaba destinado para él. Ahora acaba de entrar por la puerta principal de Europa. Que empiece la música de la Champions y que canten los búhos de copas.
Serpico (@serpicomangio)
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