Bronce de Oro para España
España vuelve a estar entre las mejores del mundo. La selección femenina conquistó la medalla de bronce en el Mundial de Berlín 2026 después de imponerse con claridad a la anfitriona Alemania por 81-58 en el Uber Arena, cerrando un campeonato que confirma algo más importante que el propio podio: el relevo generacional ya está en marcha y empieza a asumir responsabilidades de primer nivel.
La selección recuperó en Berlín muchas de las señas de identidad que la han convertido durante años en una referencia internacional. Defensa, intensidad, juego colectivo, capacidad para competir y una enorme personalidad en los momentos importantes. Sin embargo, este bronce tiene un valor añadido, porque gran parte de ese carácter ha llegado de la mano de una nueva generación que ya no aparece únicamente como una promesa de futuro, sino como una realidad capaz de decidir partidos y asumir protagonismo en una Copa del Mundo.
Ocho años después de su último podio mundialista, España vuelve a colgarse una medalla en una Copa del Mundo. Es la cuarta de su historia, después de la plata conquistada en 2014 y los bronces de 2010 y 2018. El regreso al podio adquiere todavía más valor si se tiene en cuenta el golpe que supuso quedarse fuera del Mundial de 2022. España ha sabido reconstruirse, renovar piezas y volver a competir entre las mejores sin perder la identidad que la llevó a dominar buena parte del panorama internacional durante la última década.
En el centro de esa nueva generación aparece Iyana Martín. La base asturiana, con solo 20 años, firmó una actuación extraordinaria en el partido por el bronce y fue una de las grandes responsables de que España acabara rompiendo definitivamente el encuentro frente a Alemania. Terminó con 22 puntos, 9 asistencias, 4 rebotes y 28 de valoración, números que le permitieron ser elegida MVP del partido y que reflejan el impacto que tuvo tanto en la anotación como en la dirección del equipo.
Su influencia fue especialmente evidente en los momentos en los que el partido exigía tomar decisiones. Cerró el tercer cuarto con un triple importante y comenzó el último periodo atacando con mucha confianza, acelerando el ritmo ofensivo de España y ayudando a que el equipo encontrara una ventaja que Alemania ya no pudo reducir. No fue únicamente una cuestión de puntos, sino también de personalidad para asumir el balón cuando más pesaba.
Lo más significativo es que su actuación ante Alemania no fue un hecho aislado. Berlín ha sido el torneo de su consagración internacional. Martín terminó el campeonato con 17,5 puntos, 4,2 asistencias, 3,3 rebotes y 2,2 robos de media, acompañados de un excelente 54,5% en tiros de campo y un 45,5% desde la línea de tres. Durante el torneo ya había firmado 20 puntos frente a Mali, otros 20 contra Japón y 17 ante Estados Unidos en semifinales, demostrando una regularidad poco habitual para una jugadora de su edad.
Su rendimiento también dejó un dato histórico. Iyana Martín se convirtió en la tercera jugadora más joven de los últimos veinte años capaz de alcanzar los 100 puntos en una misma Copa del Mundo, únicamente por detrás de Candace Parker y Liz Cambage. Ese registro sirve para poner en contexto lo que ha hecho en Berlín y para entender que España no está únicamente ante una jugadora con potencial, sino ante una base preparada para asumir el presente de la selección.
Junto a Martín, Awa Fam ha sido otro de los nombres que simbolizan la nueva etapa del baloncesto femenino español. También nacida en 2006, la pívot de 1,92 metros lleva varios años adelantando etapas. Debutó profesionalmente con 15 años en Valencia Basket y su progresión la ha llevado hasta convertirse en número 3 del Draft de la WNBA para Seattle Storm, una trayectoria que explica el enorme impacto que ya tiene a pesar de su juventud.
En Berlín volvió a demostrar que posee recursos para competir al máximo nivel. Ante Japón consiguió su primer doble-doble en un Mundial, con 16 puntos y 10 rebotes, mientras que en el partido por la medalla de bronce aportó 10 puntos y 9 rebotes, terminando como la máxima reboteadora española del encuentro.
Fam aporta presencia física cerca del aro, capacidad para dominar el rebote y una enorme fortaleza defensiva, pero su juego va mucho más allá. También tiene movilidad, capacidad para abrirse y participar lejos de la pintura, además de una madurez táctica que resulta poco habitual en una jugadora de su edad. Antes del torneo, FIBA ya había señalado tanto a Fam como a Martín como dos de las jóvenes a seguir durante el campeonato, y Berlín ha terminado confirmando aquellas expectativas.
Sin embargo, reducir este bronce únicamente al impacto de Martín y Fam sería injusto. Una de las grandes virtudes de España durante el campeonato ha sido precisamente la capacidad para funcionar como un bloque, repartiendo responsabilidades y encontrando respuestas diferentes en función de lo que pedía cada partido.
Raquel Carrera fue una de las jugadoras más importantes en ese sentido. Con 24 años, todavía pertenece claramente a la nueva generación, pero dentro de este grupo ya ejerce como una jugadora de peso y experiencia. Su actuación frente a Alemania resultó decisiva cuando la selección anfitriona consiguió acercarse a un solo punto y amenazaba con cambiar por completo el guion del partido.
Carrera respondió con ocho puntos consecutivos que devolvieron a España una ventaja de doce y frenaron de golpe el intento de remontada alemana. Terminó el encuentro con 15 puntos, pero su aportación fue mucho más allá de la estadística. Su intensidad defensiva, su agresividad y su capacidad para competir cada posesión ayudaron al equipo a recuperar el control cuando más lo necesitaba.
También tuvo un papel importante Elena Buenavida. Con 21 años, aportó energía, defensa y una enorme valentía para entrar en un partido por una medalla sin que le pesara el escenario. Su forma de competir encaja perfectamente con la identidad de esta nueva España, en la que las jóvenes están encontrando espacio sin miedo a asumir responsabilidades.
Junto a ella, Alicia Flórez, Helena Pueyo y Paula Ginzo completaron un bloque joven capaz de aportar intensidad, piernas y trabajo en muchas acciones que no siempre aparecen reflejadas en la estadística. Esa profundidad de plantilla ha permitido a España mantener un nivel físico muy alto durante gran parte del torneo y sostener la agresividad defensiva que caracteriza al equipo.
La renovación, sin embargo, no se entiende sin la presencia de jugadoras capaces de transmitir experiencia y conocimiento competitivo. Maite Cazorla, María Conde, Megan Gustafson y Mariona Ortiz aportaron estabilidad durante el campeonato y ayudaron a equilibrar un equipo en el que conviven distintas generaciones.
Por encima de todas aparece Alba Torrens, que a sus 37 años suma ya su cuarta medalla mundialista. Su presencia representa el vínculo entre dos etapas diferentes del baloncesto español. Por un lado, forma parte de la generación que convirtió a España en una potencia internacional y que durante años acostumbró a competir por medallas en prácticamente todos los grandes torneos. Por otro, ejerce ahora como referente para un grupo de jóvenes que empieza a asumir el mismo tipo de responsabilidades.
Ese equilibrio entre experiencia y juventud es una de las grandes fortalezas de esta selección. Las nuevas jugadoras no llegan a un contexto desconocido, sino a un equipo con una cultura competitiva muy definida y con referentes que saben perfectamente qué exige un partido por una medalla.
El encuentro frente a Alemania terminó siendo una buena síntesis de lo que pretende ser esta nueva España. Durante varios minutos, el partido estuvo igualado y la selección anfitriona consiguió poner a prueba la capacidad de reacción española. Sin embargo, cuando llegó el momento decisivo, España aumentó el nivel defensivo y empezó a controlar por completo el rebote y el ritmo del encuentro.
El último cuarto fue definitivo. España firmó un parcial de 20-7 en los últimos diez minutos y convirtió un partido todavía incómodo en una victoria contundente. Los triples de Cazorla y Conde, la actividad defensiva y la capacidad para correr después de cada recuperación terminaron desarmando a una Alemania que ya no encontró respuestas.
El 81-58 final confirmó el regreso de España al podio mundialista, pero la sensación que deja Berlín va más allá de la medalla. La selección ha demostrado que vuelve a estar preparada para competir entre las mejores y, al mismo tiempo, ha encontrado una nueva generación capaz de asumir protagonismo desde ahora mismo.
Iyana Martín, Awa Fam, Raquel Carrera, Elena Buenavida, Alicia Flórez, Helena Pueyo y el resto de jóvenes ya forman parte real de la estructura competitiva de la selección. No están esperando su oportunidad ni ocupando un papel secundario mientras llega su momento. Ese momento ya ha comenzado.
Berlín 2026 no parece el cierre de una etapa, sino el primer capítulo de otra. España se marcha del Mundial con una medalla de bronce alrededor del cuello, pero también con algo todavía más valioso: la certeza de que el relevo existe, tiene nivel y ya está preparado para mandar.
ARTÍCULO DANIEL MORENO
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